No Lugares

“Lugar” no es una denominación topográfica, sino antropológica; implica la relación del individuo con el espacio y las diferentes dimensiones que puede tener esa relación: histórica, cultural, emocional, estética o de simple recuerdo. Por eso, de alguna manera, siempre se trata de algo marcado.

 

Sin la relación con el ser humano, con un individuo que mira y siente lo que ve, el lugar se reduce a territorio o a mera extensión. Lo que llamamos NO LUGARES.

 

En la sociedad actual hay una serie de espacios, cada vez más habituales, que resultan, desde estos parámetros, invisibles, aunque se está manifestando cada vez más un cambio de estética dirigida a su visibilidad.

 

 

Los no lugares no existían en el pasado. Son espacios propiamente contemporáneos de confluencia anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea a la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar. Apenas permiten un furtivo cruce de miradas entre personas que nunca más se encontrarán. (1a)

 

Los no lugares convierten a los ciudadanos en meros elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar y son simbólicos de la condición humana actual y más aún del futuro. El usuario mantiene con estos no lugares una relación contractual establecida por el billete de tren o de avión y no tiene en ellos más personalidad que la documentada en su tarjeta de identidad. (1b) 

                    

 

Los no lugares van evolucionando con arquitectura de formas amables, espacios luminosos, artificial ó natural, diseños de interiores agradables y acogedores, ambientes cálidos y sugerentes, mobiliario confortable y color; mucho color, con fuertes contrastes unas veces, otras con tonos suaves y pálidos. Todas estas formas, diseños y colores, buscan agradarnos, seducirnos, como si quisieran establecer una relación mínima para el recuerdo y así elevarse a la categoría de “lugar”. 

 

 

 

 

(Augé, M., antropólogo. Los No Lugares, Ed. Gedisa)