EMILIO ANDRÉS PHOTOGRAPHER
EMILIO ANDRÉS PHOTOGRAPHER 

Consumismo y Abandono. Impacto del hombre en su entrono.       Máster de Fotografía EAF

El presente proyecto fotográfico surge a raíz del trabajo elaborado en el Máster en Fotografía de la escuela Espai d'Art Fotogràfic de Valencia. Durante el curso académico se nos propuso a los alumnos la temática “Actividad humana: Maquinaria, Alimentación y Entorno” bajo la cual desarrollar nuestro propio proyecto artístico y profesional. De esta forma, nace mi interés por la elaboración de la serie “Consumismo y abandono. Impacto del hombre en su entorno”, que ahora concluye con este catálogo y la exposición en la sala del Patronato Martínez Guerricabeitia del Centro Cultural La Nau de la Universitat de València. El jurado que seleccionó la obra para ser premiada con dicha exposición y la financiación de una publicación monográfica por Espai d’Art Fotogràfic, está formado por: Francesc Vera (profesor de Fotografía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de València), Román de la Calle (catedrático del área de Estética y Teoría de las Artes de la Universitat de València) y Tomás Llorens (crítico de arte).

 

Composición, estética, color y contenido se unen de la mano para conducir al espectador a una reflexión sobre los excesos del consumo. Dotar a las imágenes de un componente marcadamente estético era fundamental para que funcionase como elemento de contraste frente al contenido expuesto. De esta forma, se intenta propiciar un debate interno y externo sobre algunas de las consecuencias que tiene el consumismo desenfrenado en nuestra sociedad. La exposición está compuesta por una serie de 20 imágenes. Las instantáneas de este trabajo fueron tomadas cerca de Palm Springs, en el lago Salton Sea del estado de California de los Estados Unidos. 

El inicio de este viaje a través de las fotografías comienza en un atardecer que nos sugiere un espacio idílico. Un lugar de ensueño que nos transmite serenidad e invita a soñar. Un horizonte de colores cálidos con aguas tranquilas atrae la armonía natural. Aparece un pequeño poste que sirve de faro para alguna embarcación. Un poste que nos invita a imaginar la entrada a un pequeño puerto, donde probablemente no encontremos a nadie. Un lugar así, hermoso e increíble, no puede existir. Pero sí, existe. Y, además, está solitario. No hay nadie, no hay nadie en este lugar, salvo nosotros. 

 

Hemos merodeado por la zona, asombrados e interesados por lo desconocido. Pero, conociendo de antemano el propósito inicial de nuestro trayecto: anunciar y denunciar por medio de la fotografía los frutos de la mano del hombre. Y, en este camino, hemos descubierto lo que todos podemos provocar si no somos capaces de contener (racionalizar) nuestro afán de consumo. Por ello, el entorno asume la relevancia de ser el actor principal en la emisión de este mensaje.

 

El lago Salton Sea, producto de una crecida del río Colorado hace algo más de cien años, es considerado por muchos el lago más contaminado de los Estados Unidos. El aumento de la salinidad, las aguas fecales y los desechos industriales de poblaciones cercanas, entre otras cosas, han construido todo un lugar en decadencia. Un paisaje donde, además, se añaden los fertilizantes agrícolas que colorean las orillas secas del lago, inundadas ahora por depósitos de productos químicos.

 

Lugar olvidado y abandonado, sin solución aparente y con el agua en un elevado grado de deterioro, el lago Salton Sea se ha convertido en un paraje fantasmal, donde los peces muertos y el dañado paisaje se contraponen con la ideal imagen del “sueño americano”. Este concepto utópico es perseguido por muchos de los inmigrantes llegados a través de la frontera de México, que se abastecen pescando las escasas especies que restan vivas en el lago y despreciando, por necesidad, el riesgo que supone su ingesta dado su elevado grado de contaminación.

 

En la actualidad, gracias al descenso considerable de las aguas, se aprecian algunos restos de lo que en su momento llegó a ser un importante núcleo turístico. Embarcaciones semienterradas, parcelas en venta, casas derruidas,…en definitiva, unas construcciones inicialmente prometedoras en un espacio estancado. Un paraje que se ha quedado paralizado en el tiempo y donde la gente que lo habita parece haber asumido su mismo destino.

 

El paisaje ante el que nos encontramos y el ambiente maloliente que se percibe transporta de una sacudida a la dramática realidad, que dista mucho de un agradable futuro. El bucólico atardecer con el que iniciábamos este viaje todavía se vislumbra entre las montañas. Pero, al dar un sutil giro a nuestra mirada, el lugar ha perdido su calidez. El imaginario puerto, ahora ya convertido en un esqueleto inerte, emerge del agua rodeado de un entorno atroz. Ésta es la realidad de Salton Sea, cuya historia solo está entrelazada por una única idea: la soledad. 

 

EMILIO ANDRÉS CODINA